TARJETAS BANCARIAS PREPAGO
Por Elena V. Izquierdo
A pesar de las numerosas ventajas que aportan las tarjetas de crédito, uno de
sus principales inconvenientes en momentos de crisis económica es la posibilidad
de gastar con ellas más dinero del que se tiene. Pagar de forma aplazada las
compras puede generar un endeudamiento en los meses posteriores, tanto porque se
corre el riesgo de adquirir más de lo necesario, como por los intereses que
aplican las entidades en determinados tipos de pago. Otro de los rasgos
negativos es el peligro que algunos internautas perciben al facilitar los datos
de su tarjeta para abonar el importe de una compra o de un servicio a través de
la Red. Aunque la mayoría de los sitios son seguros, el hecho de que la cuenta
corriente se asocie al plástico favorece que muchas personas prefieran no
comprar en Internet. Para solucionar estos inconvenientes, las tarjetas prepago
permiten al cliente recargarlas con una cantidad específica y le dan la
posibilidad de disponer solo del saldo cargado, sin el peligro de que, en caso
de fraude, le sustraigan dinero de su cuenta corriente.
Seguras y cómodas
El saldo que se carga en las tarjetas prepago permite después al usuario comprar
en comercios, adquirir productos a través de Internet, pagar en restaurantes o
sacar dinero en efectivo de un cajero, siempre con el límite de la cantidad que
el cliente ha cargado en la tarjeta. Los usuarios tienen la posibilidad de
ingresar el saldo exacto que necesitarán para realizar una compra concreta o
bien una cantidad mayor, para poder usarla varias veces.
Algunas tarjetas se diseñan con un formato de usar y tirar, es decir, solo están
disponibles para una ocasión, lo cual puede ser aconsejable para personas que no
quieran hacer más que una compra puntual y no vuelvan a necesitarlas. En el caso
de que deseen hacer otra operación, pueden adquirir una nueva. Otras permiten
llevar a cabo recargas sucesivas cada vez que se piensa adquirir un producto o
mantener un saldo más elevado para realizar una compra y evitar una
transferencia de dinero a la tarjeta cada vez que se paga un artículo.
No están vinculadas a ninguna cuenta corriente ni a ningún otro plástico, por lo
que el pago es seguro
La mayoría están emitidas por las mismas plataformas de medios de pago que el
resto de los plásticos (Visa y Mastercard, entre otras), de modo que lo habitual
es que los locales físicos o virtuales que aceptan tarjetas de crédito o de
débito no pongan inconvenientes en admitir también la versión prepago.
Una de las características más atractivas es que no están vinculadas a ninguna
cuenta corriente ni a ningún otro plástico, por lo que el pago es seguro. Es
imposible hacer un rastreo para llegar hasta la cuenta corriente del cliente, ya
que ésta no tiene ninguna relación con la tarjeta prepago. En el peor de los
supuestos, si el comprador entra en una página fraudulenta o le copian la banda
magnética en un establecimiento, podrían quitarle el dinero que sobre en el
saldo de esta tarjeta, que siempre será mucho menor que el ahorrado en el banco.
Otra de sus ventajas es que la mayoría no tienen comisiones de mantenimiento o
de emisión. Cuando las hay, lo habitual es que se eliminen por el hecho de
realizar con ellas un pequeño número de compras al año. Si el titular tiene
contratados otros productos en la entidad, también son gratuitas. Como no
permiten aplazar pagos o comprar sin tener dinero en la cuenta, carecen de
intereses.
Solicitud y recarga
Las tarjetas prepago se pueden solicitar tanto en la ventanilla de las entidades
financieras de las que el usuario es cliente como en cajeros automáticos o a
través de Internet. La expedición de un plástico prepago en el banco tarda unos
días, pero en ningún caso es necesario estudiar el historial crediticio del
solicitante porque una vez recibido, el titular transferirá desde su cuenta
corriente el dinero que estime oportuno. Si el usuario decide pedirlas en un
cajero o a través de Internet, el proceso de entrega de la tarjeta se acelera,
de modo que en función de la necesidad del solicitante se puede elegir el medio
más oportuno.
La recarga se puede realizar en la sucursal, en un cajero o a través de Internet
Una vez que el titular dispone de la tarjeta, se activa mediante una recarga. Al
igual que sucede con la solicitud, las entidades ponen a disposición del usuario
diversas maneras de transferir el dinero al plástico. Si el consumidor tiene una
cuenta corriente que puede gestionar on line, es posible recargar el saldo a
través de Internet, solo con su clave y los dígitos de la tarjeta prepago. Si lo
prefiere, puede realizar esta operación en un cajero automático o bien con la
ayuda de los empleados del banco, tras indicarles el dinero que quiere ingresar.
El saldo de la tarjeta no caduca. Esto es positivo para quienes realizan una
recarga puntual para una operación y olvidan el dinero que les ha sobrado.
Aunque en el plástico figura la fecha de caducidad del plazo para usarla, como
sucede con las tradicionales, cuando llega este día se renueva de modo
automático por otro plazo idéntico al inicial o el cliente recibe una nueva con
la fecha modificada.
A quién van dirigidas
La ausencia de caducidad hace de este medio de pago una buena idea para hacer un
regalo. A diferencia de las tarjetas que se circunscriben a un establecimiento,
a una agencia de viajes o a un servicio concreto, las prepago se pueden utilizar
en cualquier lugar sin tener una fecha límite. Además, permiten usar el dinero
como el destinatario desee y con total libertad: gastar una parte en un comercio
y el resto en otro, ahorrar el saldo restante... Solo es necesario que quien
quiere hacer el regalo pida la tarjeta en el banco, diga la cantidad inicial con
la que quiere activarla y acuerde con la entidad cómo y dónde va a recogerla.
También son muy útiles para los menores que no cuentan con la opción de tener
una tarjeta de crédito. El adulto solicita la tarjeta, establece el límite de
gasto mediante el ingreso de una cantidad y se la entrega al menor junto con la
clave. Al poder usarse en cajeros automáticos, los menores pueden emplearlas en
casos de urgencia, cuando necesiten el dinero.
Algunos empresarios ya entregan a sus socios o empleados tarjetas prepago con
una determinada cantidad para que paguen comidas, las utilicen para su propia
manutención o a modo de dietas. Además, sirven para abonar los pagos del día a
día en el negocio sin peligro de pasarse de los límites establecidos.
Quienes más demandan este tipo de dinero de plástico son los internautas. El
hecho de poder comprar sin tener que pensar que ponen en peligro el saldo de su
cuenta corriente hace de la tarjeta prepago la estrella de las tarjetas en la
Red. Junto con Internet, la crisis ha sido la auténtica impulsora de esta
modalidad. Cualquiera que pretenda controlar sus gastos de forma exhaustiva,
puede tener un aliado en este medio de pago.
Tarjetas prepago solo para Internet
No todas las tarjetas prepago son de plástico. Algunas son cartoncillos o
papeles impresos sin banda magnética y otras solo existen de forma virtual,
carecen de soporte físico. El titular cuenta con los 16 dígitos que forman el
número, además de la fecha de caducidad y el número secreto. También recibe el
código de verificación de la tarjeta -tres dígitos que piden las tiendas
virtuales para comprar en Internet, y que en las tarjetas físicas aparece en el
reverso-.
El cliente solicita este medio de pago en el banco o la caja de ahorros, en el
cajero o en la entidad on line. Al no ser necesario expedir un soporte físico,
es frecuente que la emisión se pueda hacer de manera inmediata. De este modo, el
internauta puede ver el producto que desea, conocer su precio, solicitar la
tarjeta con el importe exacto y realizar la compra. Si ya tiene el impreso y
quiere recargar la tarjeta, se puede hacer con la misma rapidez.
Los titulares no tienen por qué ser clientes de la entidad que expide el
plástico
Algunas empresas ni siquiera obligan al solicitante a que sea su cliente. Éste
es uno de los puntos interesantes de las prepago virtuales, porque no es
necesario transferir un dinero a otro banco o abrir una cuenta corriente para
disfrutar de la tarjeta. Si ya trabaja con la entidad on line, el consumidor
puede pedir este medio de pago, obtenerlo en el momento y recargarlo de
inmediato con la cantidad que desee.
Si no forma parte de la entidad, el internauta puede dirigirse a una sucursal o
a un cajero automático donde contrata la tarjeta y la activa. En este supuesto,
solo necesita tener una tarjeta de crédito o de débito convencional con la que
se hará la recarga.
Lo habitual es que se utilicen solo en Internet y no se acepten en otro tipo de
comercios. La operación es igual que en el caso de las tarjetas de plástico, ya
que el titular solo tiene que elegir el producto e introducir los 16 dígitos, la
clave, la caducidad y el código de verificación, como lo haría con las
tradicionales.
Anónimas o identificadas
El titular de la tarjeta prepago virtual o impresa cuenta con la posibilidad de
gestionar el alta con su nombre, ponerla a nombre de otra persona u optar por
que ésta sea anónima. Esto aporta confidencialidad a todos los actos que se
realicen con la tarjeta porque el usuario no facilita su identidad ni cuando la
pide ni cuando la activa, la recarga o la utiliza. Puesto que el cliente tiene
el número secreto para realizar los movimientos, aunque la pierda, nadie más
puede utilizarla. Requiere introducir las claves, sin tener que identificarse,
cuando se quiera comprar, consultar el saldo o hacer una recarga.
Los usuarios de la tarjeta virtual pueden optar por que ésta sea anónima
Por lo general, las tarjetas virtuales son gratuitas y aunque algunas entidades
cobran cada vez que se realiza una recarga, no es lo más frecuente. Las tarifas
que aplican los bancos y cajas que sí contemplan comisiones oscilan en torno al
1% de la cantidad ingresada, con un mínimo de 1 euro.
Fuente: www.consumer.es